En
mi post anterior, hacía referencia a que lo que está detrás de todas las crisis
y problemas que ha padecido la humanidad es el comportamiento de las personas; individual y, como consecuencia, colectivo. Si tenemos claro esto, podremos
trabajar mejor para encontrar las soluciones. Esta tremenda crisis que estamos
padeciendo está provocada por personas, por su codicia, por su falta de
valores, amén de otros aspectos derivados, como la falta de regulación adecuada
que ha permitido mostrar la cara más perversa del capitalismo. Esta crisis
hemos de verla también como una oportunidad de convertirnos en mejores personas. Para
ello necesitamos adquirir conciencia de nosotros mismos, que nos permita
iniciar un camino de transformación. De la misma forma, han de surgir también
mejores organizaciones, instituciones y empresas. Y lo lograrán aquellas que
apuesten por la creatividad y un arte de dirección más humano, que profundicen
en la confianza y el talento de las personas. Uno de los retos más importantes de
nuestro tiempo es sin duda la evolución de las organizaciones, tanto en su
conducción como en el funcionamiento de sus áreas clave.
En
este aspecto, estamos atravesando un período “revolucionario”, pues dicha
transformación deberá producirse en los próximos años. Los descubrimientos de
la ciencia de los últimos veinte años sobre la naturaleza de la realidad son un
factor esencial del cambio que va a operarse, ya que las estructuras
organizativas a través de las que operamos en nuestra sociedad no están en
relación con la visión del mundo derivada del nuevo pensamiento científico. Éste
nos muestra una realidad natural más rica, creativa e interconectada; más como
un instrumento para nuestra propia transformación que no como algo que haya que
dominar.
Este
conocimiento tiene una gran trascendencia, también en nuestro ámbito personal
de actuación diaria. El hecho de sabernos parte de un universo abierto, que
nuestra mente forma parte de un campo más amplio de realidad conectada, supone
un cambio cualitativo en nuestra actitud, creatividad y energía. También nos
hace más responsables. Decía Maslow que “el miedo a saber es en el fondo un
miedo a hacer….”.
Como
decía, el reto que tenemos por delante es el de mejorar aspectos clave de las
organizaciones y las empresas. Los que en cualquier momento hemos formado parte
de una estructura organizativa, sea empresarial, política o social, sabemos lo
importante que es la evolución en las formas de gestión de estas estructuras
para poder afrontar los problemas a los que nos enfrentamos. Incrementar el
compromiso de las personas, la adaptación al cambio constante y veloz del
entorno sin que haya conflictos, comprometer a los miembros de un equipo para lograr
los objetivos, o la gestión del estrés y los conflictos emocionales. Los
avances científicos nos demuestran que el conocimiento de la mente y su aplicación a la gestión de las organizaciones es fundamental para el liderazgo
y la toma de decisiones. Y las herramientas que nos da este nuevo conocimiento
no están fuera de nosotros sino dentro, en nuestro interior. Este reto implica,
sobre todo hacer un ejercicio: pensar. Y actuar bajo principios básicos como la
interdependencia, la flexibilidad, la cooperación o la sostenibilidad entendida
como nuestra capacidad de comprender los principios naturales del entorno y
vivir en consecuencia.
La
interdependencia define una comunidad de personas competentes, heterogéneas,
que reconocen sin embargo que los intereses individuales y mutuos son los
mismos. Es decir, hemos de cambiar nuestro modo de pensar para hacerlo de
manera “integral”, trascendiendo los límites habituales de nuestras conexiones
neuronales. Tomando las decisiones con el cerebro del corazón, en palabras de
Anne Marquier. Es así como uno actúa en estado de congruencia total, y como se
consigue la máxima eficiencia en el liderazgo y la gestión.
Decía
Gandhi que "…. a la larga, el hombre se guía no por el intelecto sino
por el corazón. El corazón acepta una conclusión para la cual el intelecto
posteriormente encuentra un razonamiento". Esta reflexión de Gandhi, que podía
considerarse entonces como más próxima a la mística que a cualquier
conocimiento, no era sino un avance de lo que la Neurociencia ha confirmado
años más tarde: que quién toma las decisiones es el cerebro reptiliano, y que
el pensamiento racional no hace más que justificar las decisiones.
El
liderazgo empresarial, que a menudo requiere ser heroico, debe suspender entonces
los cálculos del intelecto y dejarse guiar por las convicciones del corazón. La
realidad de cualquier organización o empresa es una dialéctica continua entre
racionalidad e irracionalidad. Por eso es necesario evolucionar hacia un modelo
más sinérgico.
El
consejo de Campbell al futuro héroe que inicia el “viaje” es: "Sitúate
en una posición desde donde evocar tu naturaleza superior". ¿Y cómo se
logra eso? Mediante un viaje de transformación de la conciencia. Así los héroes
son quienes penetran en regiones donde nadie ha entrado antes. La conciencia es
el límite que separa lo mediocre de lo heroico.
Maslow
solía pregunta siempre a sus alumnos: “Quiénes de vosotros vais a cambiar el
mundo?” Y cuando todos se volvían sorprendidos hacia él, seguía
preguntando: “Si no sois vosotros, entonces, ¿quién será?”
Las
organizaciones son el escenario para poder cambiar el mundo y mejorarlo. Pero
los líderes deben tener claro que hay que liberar el potencial humano en lugar
de ahogarlo. Y las personas deben encontrar un significado en su trabajo,
comprometerse con grandes causas, ver detrás de cada tarea una posibilidad de
“cambiar el mundo”. Solo así serán capaces de dar lo mejor de sí mismas. Al
final, de lo que se trata es de crear una clase mejor de ser humano.
"La
realidad no es la verdad ...
¿Qué
es entonces, la verdad?
¿Cuál
es el vínculo entre la realidad y la verdad?
El
vínculo es esta inteligencia,
la
inteligencia que ve la realidad completa y, por consiguiente,
no
la proyecta a la verdad.
Y
la verdad puede, entonces, operar en la realidad
a
través de la inteligencia."

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