sábado, 28 de abril de 2012

ORGANIZACIONES DEL SIGLO XXI


En mi post anterior, hacía referencia a que lo que está detrás de todas las crisis y problemas que ha padecido la humanidad es el comportamiento de las personas; individual y, como consecuencia, colectivo. Si tenemos claro esto, podremos trabajar mejor para encontrar las soluciones. Esta tremenda crisis que estamos padeciendo está provocada por personas, por su codicia, por su falta de valores, amén de otros aspectos derivados, como la falta de regulación adecuada que ha permitido mostrar la cara más perversa del capitalismo. Esta crisis hemos de verla también como una oportunidad de convertirnos en mejores personas. Para ello necesitamos adquirir conciencia de nosotros mismos, que nos permita iniciar un camino de transformación. De la misma forma, han de surgir también mejores organizaciones, instituciones y empresas. Y lo lograrán aquellas que apuesten por la creatividad y un arte de dirección más humano, que profundicen en la confianza y el talento de las personas. Uno de los retos más importantes de nuestro tiempo es sin duda la evolución de las organizaciones, tanto en su conducción como en el funcionamiento de sus áreas clave.
En este aspecto, estamos atravesando un período “revolucionario”, pues dicha transformación deberá producirse en los próximos años. Los descubrimientos de la ciencia de los últimos veinte años sobre la naturaleza de la realidad son un factor esencial del cambio que va a operarse, ya que las estructuras organizativas a través de las que operamos en nuestra sociedad no están en relación con la visión del mundo derivada del nuevo pensamiento científico. Éste nos muestra una realidad natural más rica, creativa e interconectada; más como un instrumento para nuestra propia transformación que no como algo que haya que dominar.
Este conocimiento tiene una gran trascendencia, también en nuestro ámbito personal de actuación diaria. El hecho de sabernos parte de un universo abierto, que nuestra mente forma parte de un campo más amplio de realidad conectada, supone un cambio cualitativo en nuestra actitud, creatividad y energía. También nos hace más responsables. Decía Maslow que “el miedo a saber es en el fondo un miedo a hacer….”.
Como decía, el reto que tenemos por delante es el de mejorar aspectos clave de las organizaciones y las empresas. Los que en cualquier momento hemos formado parte de una estructura organizativa, sea empresarial, política o social, sabemos lo importante que es la evolución en las formas de gestión de estas estructuras para poder afrontar los problemas a los que nos enfrentamos. Incrementar el compromiso de las personas, la adaptación al cambio constante y veloz del entorno sin que haya conflictos, comprometer a los miembros de un equipo para lograr los objetivos, o la gestión del estrés y los conflictos emocionales. Los avances científicos nos demuestran que el conocimiento de la mente y su aplicación a la gestión de las organizaciones es fundamental para el liderazgo y la toma de decisiones. Y las herramientas que nos da este nuevo conocimiento no están fuera de nosotros sino dentro, en nuestro interior. Este reto implica, sobre todo hacer un ejercicio: pensar. Y actuar bajo principios básicos como la interdependencia, la flexibilidad, la cooperación o la sostenibilidad entendida como nuestra capacidad de comprender los principios naturales del entorno y vivir en consecuencia.
La interdependencia define una comunidad de personas competentes, heterogéneas, que reconocen sin embargo que los intereses individuales y mutuos son los mismos. Es decir, hemos de cambiar nuestro modo de pensar para hacerlo de manera “integral”, trascendiendo los límites habituales de nuestras conexiones neuronales. Tomando las decisiones con el cerebro del corazón, en palabras de Anne Marquier. Es así como uno actúa en estado de congruencia total, y como se consigue la máxima eficiencia en el liderazgo y la gestión.
Decía Gandhi que "…. a la larga, el hombre se guía no por el intelecto sino por el corazón. El corazón acepta una conclusión para la cual el intelecto posteriormente encuentra un razonamiento".  Esta reflexión de Gandhi, que podía considerarse entonces como más próxima a la mística que a cualquier conocimiento, no era sino un avance de lo que la Neurociencia ha confirmado años más tarde: que quién toma las decisiones es el cerebro reptiliano, y que el pensamiento racional no hace más que justificar las decisiones.
El liderazgo empresarial, que a menudo requiere ser heroico, debe suspender entonces los cálculos del intelecto y dejarse guiar por las convicciones del corazón. La realidad de cualquier organización o empresa es una dialéctica continua entre racionalidad e irracionalidad. Por eso es necesario evolucionar hacia un modelo más sinérgico.
El consejo de Campbell al futuro héroe que inicia el “viaje” es: "Sitúate en una posición desde donde evocar tu naturaleza superior". ¿Y cómo se logra eso? Mediante un viaje de transformación de la conciencia. Así los héroes son quienes penetran en regiones donde nadie ha entrado antes. La conciencia es el límite que separa lo mediocre de lo heroico.
Maslow solía pregunta siempre a sus alumnos: “Quiénes de vosotros vais a cambiar el mundo?” Y cuando todos se volvían sorprendidos hacia él, seguía preguntando: “Si no sois vosotros, entonces, ¿quién será?”
Las organizaciones son el escenario para poder cambiar el mundo y mejorarlo. Pero los líderes deben tener claro que hay que liberar el potencial humano en lugar de ahogarlo. Y las personas deben encontrar un significado en su trabajo, comprometerse con grandes causas, ver detrás de cada tarea una posibilidad de “cambiar el mundo”. Solo así serán capaces de dar lo mejor de sí mismas. Al final, de lo que se trata es de crear una clase mejor de ser humano.

"La realidad no es la verdad ...
¿Qué es entonces, la verdad?
¿Cuál es el vínculo entre la realidad y la verdad?
El vínculo es esta inteligencia,
la inteligencia que ve la realidad completa y, por consiguiente,
no la proyecta a la verdad.
Y la verdad puede, entonces, operar en la realidad
a través de la inteligencia."
(Krishnamurti, 1977, 221)

No hay comentarios:

Publicar un comentario