sábado, 30 de junio de 2012

¿ACCIÓN, O TRANSFORMACIÓN?





¿Cómo participar de los asuntos que a todos nos interesan si ya no crees en este sistema, si el único canal a través del cual se permite la participación en lo público, los partidos políticos, son organizaciones perversas, deshumanizadas y sin conciencia?
La pregunta clave es: ¿Debe participar uno del sistema para cambiarlo? ¿O, por el contrario, hay que intentar la transformación desde fuera?
A mi entender, la evolución y el progreso de una sociedad sólo son posibles a partir del  cambio individual y una conciencia ética que traigan consigo una sociedad civil fuerte y responsable.
¿Se llega a esto desde el sistema? No lo pongo en duda, pero no es desde luego mi opción, después de haber conocido la política desde dentro de forma intensa. Lamentablemente, esta democracia (el funesto “Fin de la Historia” proclamado por Fukuyama en frase desafortunada) se ha convertido en un complejo juego de egos, que crea en la gente la ilusión de que participa en elegir el futuro de todos, pero en el que, en realidad, sólo elegimos a uno entre los que interesan a quien realmente tiene el poder. Una democracia ésta que es pura fachada; en la que cada vez se manipula más a más gente por un poder concentrado cada vez en menos manos. A ésta situación se ha llegado con la ayuda de un sistema educativo (la clave de todo), que ha formado a generaciones enteras en la creencia de que hemos de mirar sólo por nosotros mismos; de que estamos separados de los demás y de lo que nos rodea; un sistema que nos ha programado y condicionado para analizar y juzgar, que no nos ha enseñado a responder conscientemente sino a reaccionar en función de la información recibida e implantada.
Toda esta crisis es un gran engaño, una estafa; no solamente económica, sino moral, en la que se nos introduce diariamente miedo para manipularnos con mayor facilidad. Diariamente recibimos, en cascada, noticias negativas; sabemos de hechos trágicos, y parece que nadie se para a pensar en porqué sucede esto. La mayoría lo acepta como algo normal, llegamos a creer que éste es el mundo en el que vivimos, y el miedo nos hace perder la capacidad de asombro, de cambio, somos incapaces de ejercer el poder de elegir algo diferente.
Los voceros del sistema nos dicen que no es momento de soñar, que hay que ser “realista”.
Y, ¿qué es ser realista? ¿Aceptar la mediocridad, la que predomina en los partidos políticos y en la vida pública en general, al servicio del sistema? ¿Vivir en la resignación, en el fracaso de no intentar la realización personal? ¿No tomar la responsabilidad de dirigir nuestro destino?
A mi entender, sólo desde fuera se puede cambiar este estado de cosas. En un momento determinado, personalmente abandoné un cargo de responsabilidad en un partido político importante, y tomé la decisión (errónea vista en perspectiva), de intentar cambiar las cosas a través de otro partido, éste pequeño, de ámbito municipal. Fue una equivocación producto del ego. Nada cambia si no cambias tú primero. El único camino para la transformación es la unión de todos los corazones de buena voluntad en un crecimiento de conciencia. Y ahí no valen los liderazgos jerárquicos, ni las estructuras de partido. Es una expansión personal que acaba desembocando en el mar común del amor. Y el campo de trabajo es personal, o en pequeños grupos y redes que acaban conectando a modo de células para un proyecto común. En el universo, en éste estadio evolutivo, no es posible la competencia, porque no conduce a nada.
Tampoco en política, por mucho que uno diga que participa en el juego para cambiar las reglas. El fin es el camino, la experiencia. Si el camino elegido está regido por los valores de siempre, el resultado será el de siempre, aunque prediquemos lo contrario. No valen los discursos, ni las acciones puntuales, sino las conductas sostenidas, aquellas verdaderamente fundamentadas en otro nivel de conciencia y en una perspectiva más amplia. Lo importante en política no es la acción, local y temporal, sino la transformación, de efecto global y permanente en el tiempo.
Hay que romper el ciclo, y desde un partido no se consigue. El juego actual no vale, porque ganar siempre excluye inevitablemente al otro.
El único liderazgo válido es el que sirve al otro, el que “incluye” todo y a todos, el que trabaja y piensa a través del corazón, el que trata de establecer una diferencia en cada acción en beneficio de todos, el que logra la “síntesis”. 
Me refería antes a Fukuyama, quién anunció el triunfo definitivo del capitalismo sobre el socialismo. Pero lo cierto es que tras la caída del Muro el capitalismo ha mostrado su cara más perversa, sin contrapeso, sin un espejo en que ver sus excesos. El comunismo había sacrificado la libertad en nombre de una teórica igualdad. El capitalismo ha sacrificado la igualdad en aras de una pretendida libertad.  Y ahora este sistema también se hunde. Hay que buscar una síntesis. Y hemos de construirla, puesto que la esencia está en nosotros. Todo está inventado menos nosotros mismos. Podemos proyectar un mundo mejor si cambiamos la conciencia, acabando con la idea que la educación actual nos introduce de que “no hay nada que hacer”. Pero lo que hagamos debe originarse en el amor y la creatividad, desde el sentido más profundo de humanidad.
Dice Maturana, en una afirmación que comparto, que "es inevitable la sustitución del liderazgo como forma de gestionar las organizaciones, porque vivimos en una época en que los seres humanos sabemos lo que sabemos que sabemos y entendemos lo que entendemos que entendemos", lo que nos lleva a una reflexión ética en la que no podemos escapar de la conciencia y de la responsabilidad de nuestras conductas. 
No nos sirven ya las estructuras tradicionales de poder. Estamos en la era del entendimiento, en la que lo fundamental no es la organización en sí, sino tener la perspectiva adecuada que nos permita cambiar la manera de pensar y por tanto de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo.
La verdad es que cada día me siento más “Ciudadano del Universo”, convencido de que todos somos iguales, independientemente de cómo nos percibamos en función de nuestras creencias. 
Y tenemos una primera responsabilidad: la de cooperar entre todos para llevar a cabo una transformación que nos facilite llegar a una sociedad más humana y bondadosa. Necesitamos inspirar y potenciar ese cambio personal y colectivo (en términos de humanidad). Es posible conseguirlo. La esperanza, la inspiración, el amor transforman la vida de las personas. Eso es difícil hacerlo desde los partidos políticos. Hay que hacerlo desde la educación y a través de iniciativas de pequeños grupos al margen de la política establecida que, en forma de redes, trabajen para empujar a las estructuras de poder político y económico al cambio necesario, curando la fractura emocional actual producto de que sentimientos, pensamientos y acciones van por caminos diferentes, lo que nos causa un gran sufrimiento. Y es que toda la energía que no dediquemos a dar o a crear, a la larga se convierte en destructiva.
En definitiva, podemos elegir ser parte de la solución o del problema. Si seguimos actuando como siempre, si no nos responsabilizamos, si no seguimos nuestros valores básicos, si no somos congruentes, formaremos parte del problema; porque es fácil luchar por unos principios, pero no lo es tanto vivir de acuerdo con ellos.
La Declaración de Independencia escrita por Jefferson dice: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere seguridad y libertad…….”. 
Analizando nuestro mundo actual, y las noticias que se van generando día a día, ¿podríamos decir que nuestros dirigentes actúan con la visión, la integridad y la capacidad necesaria para generar un cambio positivo en el mundo en términos de evolución humana? En mi opinión, no. Por fortuna, y por primera vez en la historia de la humanidad, la posibilidad de aprovechar las oportunidades para un cambio positivo no se limita a aquellos que ostentar el poder económico y político, sino que está en manos de todos. Para hacerlo posible hemos de tener a nivel personal un propósito y un compromiso con la mejora del mundo; hemos de ir más allá de nuestras creencias actuales, expandiendo la conciencia con la voluntad de servir a la humanidad; hemos de liberarnos de nuestros miedos y abrirnos a los cambios; centrarnos en nuestra esencia que nos une como un todo a los demás; debemos vivir en la Verdad, y ser conscientes de que en cada pensamiento, en cada decisión, en cada acción, estamos decidiendo el presente y el futuro de todos, las generaciones actuales y las futuras. ¿Qué legado queremos dejar al mundo de nuestro paso por la vida? ¿Cómo queremos ser recordados por aquellos a quienes queremos? Estas son las preguntas clave que debemos hacernos cada día, y de que sepamos responderlas y de nuestro compromiso con ellas, dependerá nuestra capacidad para emprender la acción.
Ha llegado el momento de comprender el poder de las decisiones, individuales y conjuntas, para configurar el  destino de nuestra comunidad y del mundo. Y eso no depende ni dependerá de ningún partido, rojo, blanco o azul, sino de nuestras creencias básicas, de nuestros valores y de nuestra identidad. Si no entendemos esto, no hay salida.

viernes, 1 de junio de 2012

"Ganar elecciones no te hace buen gobernante", entrevista a Parag Khanna


Os dejo el texto y el enlace de una interesante entrevista con Parag Khanna publicada ayer en "La Contra" de La Vanguardia. En ella hace una afirmación que comparto absolutamente y que expongo desde hace tiempo: Vamos a un mundo de ciudades más que de estados. De ello he hablado en un post anterior en este mismo blog.  Las ciudades tienen problemas pendientes, y sufren la crisis de manera aguda. En ciudades como la mía, Mataró, durante años se han tomado como ordinarios ingresos, como los inmobiliarios, que eran extraordinarios y con fecha de caducidad previsible a poco que hubiéramos pensado en ello. No estoy culpando a nadie. Lo han hecho políticos de todos los colores. Pero ahora no toca llorar por el pasado. Hemos de actuar localmente en el presente, pensando de otro modo y de forma global e integral. Las ciudades o territorios intermedios tienen dimensiones más humanas, permiten empezar de cero cambiando el concepto, y crear ecosistemas basados en la federación de actitudes, talento y creatividad, con consenso, desde un nuevo sistema, aprovechando las ideas e inquietudes de las personas dispuestas a trabajar por un futuro mejor. Sólo desde las ciudades podemos crear un sistema propio de crecimiento sostenible, uniendo ideas. Romper reglas y mirar alto, esa es la clave. 
Aquí tenéis la entrevista:

Parag Khanna, geoestratega de economías emergentes; orador en Expomanagement HSM

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet

"Ganar elecciones no te hace buen gobernante"

Basta de abrazos
Khanna apuesta por la tecnocracia frente al populismo: es el pulso que divide Europa. La tecnocracia de Bruselas sin votos pero con datos, frente al populismo, que no exige sacrificios para no perder votos. Aquí tras las urnas toleramos la opacidad, pero debería ser a cambio de resultados y no de desastres como Bankia. Para eso, mejor una tecnocracia que sepa inglés y matemáticas, tenga mundo y se entere de que ya no todo se decide -¡un abrazo!- entre amigotes en Madrid. Seleccionar líderes con oposiciones y el cabildeo de los partidos, como hasta ahora, deja fuera de la política a los mejores. Ojalá los mejores se indignen y no acampen en las plazas sino en los partidos, y se afilien y los regeneren.
Creo que la democracia en Europa degenera en populismo, pero ganar elecciones no te hace mejor gobernante; ni una mayoría absoluta te hace eficiente.

...
Porque sólo hay dos modos de gobernar: bien o mal. Y eso no depende de qué partido eres. Si eres un inepto para gobernar, aunque te voten, no mejorarás tu país.

¿A quién se refiere?
En países como Grecia, Hungría, e incluso en algunos aspectos Francia, el voto se ha convertido en una absolución de los pecados cometidos y una carta blanca para que los más votados puedan cometer más.

Está definiendo el populismo: la democracia -con sus defectos- es otra cosa.
Pero es que las democracias occidentales suelen degenerar con facilidad en populismo. Porque el único modo de corregir excesos es exigir sacrificios a quien te ha de votar. Y, lógicamente, si le exiges no te vota.

Pero si se le explica bien, los apoyará.
Pues se deben de explicar muy mal, porque los electorados castigan uno tras otro a los gobiernos europeos que inician cualquiera de las reformas imprescindibles pendientes.

Hace cinco años que todos pierden.
Porque los gobiernos se enfrentan al sentido común de la tecnocracia de Bruselas, independiente de ese populismo y bien formada, que les obliga a pedir a su electorado reformas y recortes para salvar la UE.

Es un modo de verlo.
Por un lado, populismo; por otro, tecnocracia: un duelo apasionante. Y yo estoy al lado de la tecnocracia europeísta, porque es la esperanza de buen gobierno para la UE y para España. Y la única garantía para el euro ante los mercados que no creen en el populismo, porque quieren eficiencia.

Los tecnócratas también se equivocan.
Pero menos que los populistas: es historia.

Hay quien desea ya que la UE intervenga España para evitar más despropósitos.
Y los comprendo, porque yo como ciudadano también prefiero un tecnócrata eficiente con políticas predecibles que un populista capaz de ganar elecciones pero, por eso mismo, incapaz de gobernar con eficiencia.

¿Qué propone usted?
Grecia, por ejemplo, no necesita más elecciones; necesita orden, disciplina, una hoja de ruta y gobernantes honrados y experimentados. Eso no siempre lo proporcionan las urnas. Y si quiere desastres muy votados también de derechas, recuerde a Bush jr.

Hitler también ganó unas elecciones.
Me interesa la democracia consultiva de Singapur, por ejemplo, y los resultados de ciertas tecnocracias en Asia. Han gobernado con eficiencia a largo plazo.

¿Usted apostaría por el euro?
Sí, porque la alternativa es ruinosa para todos: ¿cree que alguien invertiría en dracmas? Sólo tienen esperanzas de prosperidad las economías de grandes mercados estables con moneda única. Y algunos pequeños países como Noruega, Suiza o Singapur... Pero no los compare con Grecia.

¿En qué invertiría?
En educación superior -en inglés y en tecnología- y en sanidad, ahí sí que hay muchísimo crecimiento pendiente. También en materias primas, y en la industria agroalimentaria más sofisticada: por cierto, la gran oportunidad española.

¿Cómo es el mundo hoy?
De un mundo bipolar EE.UU.-URSS hemos pasado a una terapia de grupo absurda de G-8 y G-20 y frivolidades por el estilo en las que tiene más peso Italia que China. Los G- se quedarán en anécdota, porque vamos a un mundo tripolar: EE.UU.-China-UE.

¿Sólo tres bloques?
Pero con múltiples actores: desde ONG como Oxfam o Bill Gates -más influyentes en África que la ONU- hasta California, un estado que marca tendencia en medio ambiente.

¿La ONU ya no sirve?
La idea es buena, pero la organización es ineficiente y corrupta. Creo que vamos a un mundo de ciudades más que de estados.

¿En qué sentido?
Barcelona tiene una imagen de marca por encima de la de España.

Y ahora mismo debo alegrarme.
Es absurdo enfrentar a ciudades y estados, pero recuerde que las ciudades existen desde que existe la civilización y que los estados nación sólo tienen 350 años. El siglo próximo habrá ciudades -seguro-, pero no sé si todavía habrá estados. Creo que la ONU acabará siendo una red mundial de ciudades.

Sólo la ciudad crea ciudadanos.
Pues le voy a decir algo que yo creo, pero no puedo probar: pronto muchas ciudades serán independientes de sus estados.

Los estados aún son necesarios.
Pero los estados estarían en quiebra sin las ciudades, que son las que de verdad crean prosperidad: en Europa y en EE.UU.

¿Y China?
He visto chinos en Kenia, Grecia, Filipinas... Prosperan en todo el planeta, con recesión o expansión. Son de una enorme resiliencia y su estructura clánica les hace virtualmente invencibles en los negocios. Da igual donde vivan: viven en China.

¿India es la próxima China?
China está mucho más avanzada y tiene mejor futuro que India. Soy hindú y amo India, pero amo más la verdad. India, como África, aún es un macrodesastre, con algunos microéxitos como Bangalore.

¿Fue legal matar a Bin Laden?
No sólo fue legal: fue bueno.

Tengo 34 años, pero siempre he vivido como un adulto para bien y para mal. Hice el Abitur en Alemania y el PhD en la London School of Economics. Serví en Iraq y Afganistán como asesor. Las ciudades serán independientes de los estados y formarán una red: la nueva ONU

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120531/54301166894/parag-khanna-ganar-elecciones-no-te-hace-buen-gobernante.html