lunes, 16 de julio de 2012

LIDERAZGO INÚTIL, SOCIEDAD SIN PULSO


Estuve escuchando en algunos momentos a Rajoy durante su patética intervención parlamentaria del 11 de julio explicativa de las medidas que el gobierno ha tomado como consecuencia del memorándum impuesto por la Unión Europea a cambio del rescate bancario. Dediqué esos instantes de atención a Rajoy, no porque me interesara conocer qué iba a decir, que eso ya lo intuía, sino para analizar su lenguaje no verbal, el que de verdad permite conocer el estado emocional de las personas cuando comunican.
La imagen de Rajoy era la de una persona quebrada, superada por la situación y que está viviendo un profundo conflicto, fruto de su propia incongruencia.
Típico producto de este sistema que nos ha hundido en la miseria, Rajoy dejó claro ese día que, pese a las promesas hechas a los electores, sus prioridades no iban por defender los derechos ciudadanos, sino los intereses de los mayores responsables del desastre: el sistema financiero y la casta instalada en la estructura político-partidista. Por tanto, su decisión era evidente: el rescate de los que de forma irresponsable han fomentado este endeudamiento público y privado que no podremos afrontar, lo pagarán los contribuyentes. Funcionarios, pensionistas, parados, pequeños empresarios, autónomos, van a tener que cargar con esta factura, sin saber porqué y sin que ningún político ni financiero haya asumido su responsabilidad en todo este dislate.
Y lo peor es que todo esto no servirá para nada.  Parece que ni los altos cargos del PP creen que este ajuste sea suficiente, por lo que los mercados, insaciables, no lo avalarán; subirá la prima de riesgo y el bono español a diez años se tensará más aún, quedaremos excluidos del mercado de deuda soberana y habremos de entrar en un rescate completo.
Parece obvio que la deuda no la podemos pagar, y nuestros bancos son insolventes. Los mercados lo saben, ya que con las medidas adoptadas al sistema bancario no se le sanea ni se le reconvierte de verdad, ni tampoco se reestructura la deuda.
Y mientras Rajoy decide que sean los ciudadanos los únicos que paguen el rescate, no se toma ninguna medida dirigida a reformar la estructura institucional, ni a reformar los monopolios, los fraudes financieros, los abusos que permitieron la burbuja o los partidos políticos, auténtico cáncer del sistema. Los partidos se han cargado la justicia, el parlamentarismo, las cajas de ahorro; han copado todas las instituciones, sobredimensionando sus costes y anulando cualquier asomo de funcionamiento democrático tanto en ellas como en sus propios mecanismos internos. En resumen, se han cargado la democracia, porque el mal funcionamiento de las instituciones y los gobiernos es fiel reflejo de la perversa cultura política que impera en ellos, y que propicia que sean los más mediocres quienes, en muchos casos, acaben llegando a los puestos clave.
Rajoy ha demostrado ser un auténtico inútil, o lo que es peor aún, un inconsciente que se limita a hacer lo que le obligan a hacer sin saber porqué lo hace. Matizo, sí sabe una cosa: que no va a poner en riesgo los intereses de quienes tienen el poder económico y financiero. En parte por dogmatismo ideológico y en parte porque no tiene la capacidad para resistirse a las presiones de ese poder.
Es una vergüenza insoportable que se proteja a quienes han cometido tantos desmanes y se exija a los ciudadanos que asuman el sacrificio de la reparación; sin proceder antes por ejemplo a un análisis del gasto público, ver a qué se destina y si es eficiente, sobre todo aquello que se destina a mantener la estructura política.
Aquí se ha ido a lo fácil, a atacar a la parte más débil, la que supone menor coste político porque no tiene resortes para protestar. Las familias ven reducidos sus ingresos por la crisis pero las deudas que exigen pagos mensuales permanecen, y las medidas anunciadas agravarán aún más la economía, ya que deprimirán la demanda, cerrarán más empresas y el desempleo seguirá creciendo. La deuda no la podremos pagar si no crecemos, y si seguimos en esta espiral depresiva los ingresos públicos disminuirán más y la morosidad aumentará.
Lo más urgente es atajar un desempleo (especialmente juvenil) escandaloso y recuperar el tejido productivo. Recientemente se ha conocido una cifra pavorosa: en este momento las familias que en España viven por debajo del umbral de pobreza son ya el 26,5%, más que en Grecia.
Se humilla continuamente a los ciudadanos con medidas que además son contradictorias con las promesas bajo las que este gobierno se presentó ante ellos. Nos toman por siervos, a los que no hace falta consultar acerca de decisiones que afectan a nuestras vidas de manera esencial.
Es esta una economía inhumana, en la que se valora más el dinero que a las personas, y en la que los burócratas que nos dirigen son insensibles a las desigualdades sociales y al impacto que las medidas que están tomando tendrán sobre las futuras generaciones. La democracia es pura fachada en un país sin liderazgo y sin rumbo, en el que quienes nos dirigen hacen lo contrario de lo que dijeron que harían porque las cosas son distintas a como pensaron que eran.
La peor generación de políticos de nuestra historia a izquierda y derecha, llena de incultura y de soberbia, iniciada posiblemente con Aznar, ha puesto las bases de este escenario de miseria moral y económica, del que tardaremos largo tiempo en salir.
Y ni siquiera en este crítico momento han sido capaces de asumir la responsabilidad y tener un último gesto de gallardía, aparcando sus espurios intereses para poder llegar a un gran acuerdo en lo esencial, que son tres cosas: la reforma de la educación, la definición de un nuevo modelo productivo, y abordar unidos la reforma del modelo político y de la estructura administrativa e institucional. Más que nada para evitar tanto sufrimiento a una población sin esperanza, con una clase media empobrecida, con una de cada cuatro ciudadanos sin trabajo y más de un millón de familias sin ningún ingreso.
“No hay más remedio, no hay alternativa, me han obligado”, dice este personaje de pacotilla que tenemos al frente del gobierno. ¿Dónde quedan los líderes de antaño, dispuestos a asumir con coraje el coste de querer cambiar el destino de las naciones en bien de sus ciudadanos? Algún día la historia habrá de pasar factura a toda esta pléyade incompetente y corrupta convertida en casta incapaz de compartir sacrificios con su pueblo.
Lo que llama la atención es que la sociedad esté tan contenida en sus protestas. ¿Es la nuestra una sociedad sin pulso? Eso parece, aunque de vez en cuando se dan señales esperanzadoras, como la reciente protesta de los mineros y la reacción social que la ha acompañado. Pero estamos lejos aún de que cada uno de nosotros asuma la responsabilidad que nos toca para ser capaces de decidir nuestro destino.
Estamos en momentos de miedo e incertidumbre, pero lo deben ser también de crecimiento y evolución. La política, sobre todo esta del parche y la componenda, se ha mostrado insuficiente para asegurar el progreso. Se hace urgente que a nivel personal tomemos decisiones, que definamos de forma clara los valores y principios que queremos que rijan nuestras vidas para darles un mayor significado, e intentar de esa manera ser parte de la solución y no del problema en lo que nos ocurre, convirtiéndonos en una influencia positiva para nuestro entorno y para la sociedad entera. Todo menos mostrarnos indiferentes; tan importante es lo que nos jugamos.
Ello exige cambios políticos, económicos, financieros… Pero si queremos cambiar de verdad este sistema hemos de abordar primero nuestro propio cambio, y no limitarnos a exigir que lo hagan los gobiernos para seguir nosotros igual. Al fin y al cabo, la historia de la humanidad es, sobre todo, lo que ha ocurrido gracias a las gentes corrientes que han sido capaces de comprometerse y actuar con causas más allá de ellas mismas para acabar representando una diferencia para la sociedad entera. Es decir, el futuro depende de nuestra capacidad de cambiar nuestro comportamiento y llevar a cabo acciones que, partiendo de nuestros valores y creencias más profundos, contribuyan a la mejora del mundo.
Como decía John Wooden, “No se puede vivir un día perfecto sin hacer algo por alguien que jamás podrá pagártelo”. Sólo con este criterio recobraremos el pulso como sociedad.


lunes, 2 de julio de 2012

LES OMBRES DELS RECORDS

Us vull deixar un poema d’en Paulí Mojedano, el meu pare, i l’acompanyo amb una cançó magnifica de l’Iggy Pop, una de les seves grans peces, que em porta bons records de la meva etapa en que vaig viure a Menorca a principis de la dècada dels 80, una època fantàstica i plena d’experiències intenses en la meva vida.

“Quan la nostra casa
sigui com la neu que va creixent,
els tarongers seran un somni cansat,
l’ocell perdut en un cel trencador.
Quan la nit sigui un desert,
on tot és desposseït i recula,
i els fills deformen la memòria del seu arbre
i mengen la vergonya
quan la tarda es consumeix;
recorda les llàgrimes que s’acosten,
si vols sobreviure a les ombres dels records.”
(Paulí Mojedano octubre 2011)