miércoles, 24 de octubre de 2012

UNA EDUCACIÓ PER SALVAR-NOS


Massa vegades he sentit que aquesta generació actual és la millor preparada de la història del país, i em demano perquè. Veig molt diploma amb poca substància, i sobre tot poca experiència viscuda de manera estimulant, cosa que comporta una quasi nul·la capacitat de sorprendre’s.
La societat s’ha tornat anodina, indolent diria jo. Tenim un sistema educatiu tòxic; uns pedagogs desmotivats i en general ineficients, perquè han estat educats també en un sistema merament expositiu, que no valora la metodologia ni el procés com essència de l’aprenentatge. Tenim, en fi, uns joves amb l’aspiració (aquells que poden) d’anar col·leccionant uns màsters (paraula horrorosa, com si la saviesa la pogués donar un diploma) veritablement buits de coneixement profund, que tan sols tenen com a objectiu col·locar-los laboralment de manera còmoda en el sistema i donar-los una gèlida prosperitat.
Tots plegats hem defugit de la responsabilitat de crear el nostre propi destí.
Confiem per exemple en una democràcia que ens compta cada quatre anys, però per la que no comptem per res més enllà de posar la papereta en una urna.
Ens hem deshumanitzat. I molt em temo que l’actual és una desorientació interessada, que obeeix a un pla per protegir els interessos d’una minoria que cada dia te més poder econòmic, financer i ja també polític.
Ja no escollim a qui ens mana, aquesta és la tragèdia del nostre temps. I els qui manen utilitzen als polítics per introduir-nos la por i la mentida.  
Hem de rectificar urgentment aquesta deriva, revisar profundament els models sobre els que hem construït la societat.
Hem de recuperar el poder de l’ésser humà. I es curiós, perquè com be diu Ben Rattray en una entrevista en “La Contra” de La Vanguardia, “Mai abans a la història la gent havia tingut tant poder”. Però n’hem de ser conscients d’això, de com hem viscut, i adoptar la decisió de ser responsables de la nostra vida, i assumir la nostra capacitat de canviar situacions si ens comprometem en fer-ho.
El nostre poder està en saber que podem ser lliures en les nostres decisions, si ho fem sense por i amb amor. La prioritat és treure’ns la por del damunt. Saber que la realitat que veiem es producte de la nostra percepció, i que aquesta depèn del nostre nivell de consciència. La diferència entre la veritat i la mentida és el nivell de saviesa conscient que tinguem. Els mitjans controlen la nostra sensació del que és possible. Hem de superar aquest límit. Perquè cadascuna de les nostres decisions i de les nostres accions forma part d’una actuació integral col·lectiva, i te un impacte en el benestar de tots i del món.
L’educació es clau per aconseguir-ho, però la seva missió no pot ser fabricar individus vàlids per a la productivitat econòmica, sinó persones capaces de col·laborar amb empatia i en connexió interdependent. El paradigma actual de competitivitat ha de donar pas a un lideratge distributiu , amb la intel·ligència com una experiència compartida. L’aprenentatge no es produeix a través de la mera exposició, sinó per l’experiència, per la participació i els significats compartits. La veritat no és el dogma, sinó comprendre com es relaciona tot entre sí. L’autèntic aprenentatge profund es produeix en interdependència, on tots són mestres de tots, amb el grup com una continuació del propi ésser, i en una vivència integral des dels tres centres, l’emoció, l’instint i la racionalització. La nostra pròpia història ens diu que només des del cervell racional no serem feliços, perquè allò que entra només pel cap mai no ho sabrem de veritat.
Aquesta situació que ara vivim no es una crisi de l’economia, dels bancs o de les empreses: Qui està en crisi som els humans, que estem en un moment en que hem de decidir com volem viure. I, no ho oblidem, la crisi sorgeix perquè tenim propòsits col·lectius que no estan en harmonia amb l’evolució.

lunes, 22 de octubre de 2012

YENDO MÁS ALLÁ DE NOSOTROS


Creo que muchos estaréis de acuerdo si digo que es esencial darle sentido a nuestra existencia. Y que, en gran medida, eso tiene que ver con cómo configuramos nuestra relación con las cosas, con las demás personas y con nosotros mismos. No somos algo aislado, pues formamos parte de un universo interconectado en el que las partes están relacionadas entre sí. Pero, para que el “Todo” mejore, es necesario dar lo mejor de uno mismo, porque la verdadera revolución, y por verdadera la más silenciosa, consiste en levantarse cada día intentando ser la mejor versión de uno mismo para legar un mundo mejor a los que vendrán. Y ese es un trabajo esencialmente individual y hacia dentro.

Sin duda, una parte importante del problema que atraviesa la humanidad (eso que en genérico se suele llamar “crisis de valores”), guarda relación con la pérdida de conexión con nuestra fuente y con el mundo natural. Hemos de re-implicarnos de nuevo con la naturaleza. Para ello, la conciencia y el autoconocimiento son instrumentos esenciales. En medio de esta crisis es bueno que nos hagamos preguntas de calidad: ¿Cómo tiene que ser el mundo en el que queremos vivir?

En momentos como los actuales, en que todo hierve, en que se nos sugieren escenarios aparentemente nuevos por parte de personas que son las mismas que han sido a su vez parte del problema, no se nos plantea en cambio que el secreto para que las cosas vayan a mejor no son las soluciones políticas tomadas en el mismo nivel en que se generó el problema, sino que está en abordar lo que hemos hecho tantas veces con una forma de pensar nueva.
Por eso, la historia pasada no nos vale. La mente vacía es esencial para abordar la incertidumbre. Trabajar desde el aquí, desde el ahora, sin juzgar, entendiendo y abrazando el momento sin referencias, sin creencias previas. Los liderazgos no deben apelar a las emociones, no se puede gestionar bien aquello sobre lo que sientes alguna emoción, como no se puede entender de verdad aquello que juzgas.
¿Cómo entender lo que criticas? ¿O, cómo entender incluso aquello que apruebas?
El verdadero liderazgo es, sobre todo, interior; y no juzga, no comenta, no mantiene ninguna actitud. Observa, mira, abraza lo opuesto sin querer cambiar nada. Eso obviamente requiere conciencia; y también disciplinar la mente. Salir de la zona cómoda es esencial para liderar, porque lo fundamental es superar los modelos mentales que nos han llevado a donde estamos.
Los humanos nos pasamos la vida intentando arreglar problemas que no entendemos y queriendo controlar vidas que no son las nuestras. A eso le llaman “liderazgo”. Los líderes siempre quieren “arreglar” las cosas, cuando la verdad es que las cosas no necesitan ser “arregladas”. No se nos ocurre nunca esto, pero es así. Las situaciones, aunque no nos gusten, han de ser comprendidas y abrazadas.
Las organizaciones, para evolucionar, no necesitan del liderazgo clásico, sino de un grupo de personas conscientes que “co inspiren” y colaboren para llevar adelante un  proyecto común, en un sistema de armonía de acciones que lleve a un resultado deseado que se construya en el proceso mismo. El propio proceso de colaboración generativa lleva a desear el resultado que se obtiene. En él radica el verdadero aprendizaje. En la experiencia de cooperación. No hay competencia, sino colaboración, en la que todo el mundo desea hacer lo adecuado y justo, sin ansia de poder o beneficio personal. No hay liderazgo dirigente sino personas coincidentes.
Esa es la nueva mirada necesaria. No sólo en el trabajo, sino en la vida. Es andar con un rumbo consciente, que nos conecta a nuestra verdadera naturaleza de seres esencialmente amorosos y capaces de cooperar en beneficio de todos.
Esa es la conciencia que nos hace cambiar la percepción y ver una nueva realidad. Dar valor a nuestro trabajo y a nuestra vida es la verdadera productividad. Y no depende de ninguna autoridad, sino de nuestra disposición para dar, y en cómo hagamos el camino. Lo importante en la vida no es la meta, quizá ni tan siquiera el camino, sino quién te acompaña y en quién te conviertes durante ese proceso. Lo fundamental es la experiencia, es la que nos da respuestas a la vida, la que nos da sentido. Lo importante es hacer, la acción; aquí y ahora.
El conocimiento puede ayudarnos a entender las cosas, pero puede impedir verlas como son realmente. La vida no es sólo lo que uno cree y ve. Es el momento que vives de forma intensa, con conciencia. Entonces se produce un cambio en el entendimiento de lo humano, un “soltar”, y nos damos cuenta de que el proceso de transformación verdadero es más un ejercicio de empobrecimiento, de renuncia, que no de enriquecimiento.
En nuestro mundo de hoy hay mucho dolor, miseria y sacrificio, pero cerca de donde hay sufrimiento están también las grandes virtudes humanas. En efecto, por doquier hay héroes anónimos que cada día llevan a cabo actos de entrega y amor. Afortunadamente, muchas personas de buena voluntad destacan en diversos ámbitos y territorios, convirtiéndose en una expresión más elevada del ser humano, demostrando que la crisis es purga, pero también catalizador de algo mejor que está por llegar.

“Esa necesidad nuestra, irreprimible, de trascender los horizontes situacionales, de cuestionar, conocer, explorar, entender, buscar la esencia de las cosas, ¿qué otra cosa es esa necesidad sino otra de las formas de aquel anhelo interminable por recobrar la integridad perdida del ser, aquel anhelo del yo de regresar al ser?  ¿Qué otra cosa es sino ese anhelo intrínseco de despertar al propio ser oculto, adormilado, olvidado tantas veces, y a través de él alcanzar aquella plenitud e integridad de la existencia que nuestra intuición nos permite vislumbrar?”

(Vaclav Havel, “Cartas a Olga”)