El present i òbviament el futur, ens presenta grans reptes si volem fer una societat més humana. Aquest bloc pretén ser una petita aportació en aquest propòsit. No importa qui va començar, la humanitat som tots. Podem tenir diferents idees, idiomes, nacionalitats i religions, però ens uneix un únic llenguatge, el del cor. Cadascú de nosaltres hem de tractar, en cada decisió i en cada acció de cada dia, de fer una diferència per al món, i aquesta diferència ha de sortir del cor.
Quizá sea un síntoma de que ya no soy
tan joven, pero me sucede últimamente que al pasar por una de esas calles de Mataró
escenario de mis años infantiles, me vienen a la cabeza escenas de gozo de
aquella etapa, recuerdo sueños y siento incluso mi risa alegre y contagiosa.
Cuando eso me ocurre, me detengo un
instante y analizo mi vida actual ¿Qué queda de aquella plenitud, de aquel
disfrute inocente del momento, sin que hubiera pasado ni futuro?
Es cierto que hay momentos en nuestra
vida en los que somos capaces de disfrutar de una conversación profunda en todo
su sentido, de emocionarnos con una pieza musical sublime, o de saborear
plenamente una buena comida. Pero, lamentablemente, es excepcional que sepamos estar en lo que somos. A menudo no somos
conscientes de que lo real es la vida,
y no los pensamientos sobre ella. Olvidamos lo esencial: vivir. Y con el vivir olvidamos amar, aprender, gozar. Porque vivimos en un mundo imaginario, que nos
hemos pasado la vida construyendo, y lo hemos llenado de mucho que no nos
gusta,; todo para agradar y que nos acepten. Nuestra realidad es una sombra. Y esa es la fuente de todos nuestros problemas.
Por eso es tan importante que dotemos a
nuestra vida de sentido, de propósito, dar alguna utilidad a nuestra
existencia; de forma que al echar la vista atrás al correr de los años, veamos la
“conexión de los puntos”, de la que nos hablaba Steve Jobs en su discurso de
Stanford. Hemos de asumir la
responsabilidad de nuestras vidas y cambiar. Tener una vida con significado
depende de eso.
Si somos capaces de conseguirlo seremos
de verdad poderosos. El verdadero poder es el de la congruencia, el de hacer de
cada uno de nuestros actos algo consciente.
Uno de los secretos más importantes de
la vida es centrarnos en lo que podemos
aportar, en lugar de en lo que podemos obtener. Si tenemos un ojo firmemente
fijado en la meta, sólo nos queda otro para encontrar el camino y vivir en él.
La vida es una creación constante,
y se crea en cada paso, pulgada a pulgada, como dice el personaje que interpreta
Al Pacino en esta sensacional escena que define en una metáfora perfecta como se configura de verdad la vida.
A menudo nos distraemos
con los escándalos financieros, políticos, sociales, que el propio sistema
genera, y que los medios de comunicación se encargan de airear con finalidad
diversa y a veces incluso con dudosa inocencia. Casos como el de Bárcenas, Palau de la Música, los
Eres de Andalucía, Gurtel, Matas, Camps, Filesa, Naseiro, etc …..( la lista
sería interminable), pueden desviarnos de lo verdaderamente importante: respondernos
a la pregunta de si es o no posible una regeneración a nivel global que sea
capaz de acabar con los excesos e injusticias de este sistema económico.
Una cosa sí tengo clara: Nadie que haya sido parte del problema puede ser parte de la solución futura.
Me parecería divertido, si no fuera tan escandaloso, que un medio de
comunicación haya propugnado esta semana que la solución para el bochornoso estado
de cosas que padecemos en este país es la vuelta de José María Aznar al liderazgo
del PP y del gobierno.
Es cierto que la corrupción institucionalizada a gran
escala se inició en España en la época de Felipe González, pero también lo es que Aznar no solo no cumplió ninguna de sus promesas de regeneración
democrática, sino que acabó de afianzar de manera irreversible el modelo de
fusión del interés privado con el teórico interés público. Aznar es responsable
de dar fe al pacto entre la clase política y la élite financiera, que formaban un
grupo oligárquico que tenía como objetivo enriquecerse de manera insultante
aprovechando la ausencia de controles en una democracia aún joven pero ya agonizante, con unos medios de comunicación al servicio del sistema y un poder judicial servil
a los intereses de los partidos.
Aunque, no nos engañemos, el
problema es global. En España la situación es más grave por la falta de cultura
democrática de nuestra sociedad y la especial mediocridad de nuestra clase
política, pero formamos parte de una economía mundializada basada en un poder
en red que se funda en las estrechas relaciones entre hombres de negocio y políticos, y en la que juegan un papel importante también los grandes medios de comunicación.
Las grandes decisiones que se toman en los foros en que aquellos se mueven o en sus
reuniones privadas, poco tienen que ver
con el interés general de los ciudadanos o con generar las sinergias necesarias
para la evolución social, sino con aumentar el poder, con ganar influencia, con
alimentar en definitiva esta estructura mundializada del poder a quien rinden pleitesía.
Por eso quienes toman las decisiones y crean opinión siguen elogiando, a pesar de la que está cayendo, los beneficios de la globalización y la creación
constante de nuevos instrumentos del mercado para seguir generando beneficios
enormes a las grandes compañías y a los bancos, aún cuando la corrupción sea cada día
más escandalosa. Vemos a ex Presidentes de gobierno o ex ministros que
tuvieron que ver con las finanzas, que al dejar sus cargos pasan a formar parte
de los consejos de administración de grandes empresas a las que sus decisiones
estando en activo pudieron afectar. ¿Podemos afirmar acaso que la decisión del
ejecutivo de Aznar sobre la participación española en Irak no guarda ninguna relación
con su posterior nombramiento como consejero del grupo Murdoch? ¿O que la
intervención americana en ese país no guardaba relación con los intereses
privados de compañías a las que estaban vinculados Bush, Cheney o Rumsfeld?
¿A qué obedece la considerable
bajada en estos últimos años de los impuestos directos sobre la renta de las personas
físicas o sobre los beneficios de las empresas? ¿O la constante reivindicación
de menos estado por gran parte de políticos, economistas, periodistas,
intelectuales y Think Tanks más influyentes?
No cabe duda que ha
habido un cambio progresivo pero radical de la cultura económica para legitimar
los aspectos fundamentales, y más regresivos socialmente hablando, de este
sistema mundializado.
Sería muy ilustrativo si
hiciéramos el ejercicio de analizar los sistema educativos, especialmente en
las escuelas de negocios de todo el mundo, y ver su impacto en todo esto; los
efectos de la dogmática neoliberal en la opinión pública, y cómo ha ido
preparando el terreno en la mente de todos nosotros para que lleguemos a aceptar las decisiones
políticas que han favorecido este proceso de mundialización neoliberal.
¿Dónde quedan los grandes ideales de bienestar
y justicia social que movían a los líderes europeos durante los treinta años
gloriosos posteriores a la segunda guerra mundial?
No cabe duda que el
cambio no será fácil. Pero está claro que es urgente y necesario. Difícilmente
podemos saber ninguno cómo se va a realizar y cuáles serán los principales ejes
de ruptura o de evolución. En mi post anterior en este mismo blog, ya hice
referencia a la cuestión esencial, la necesidad de que las personas eleven su nivel de
conciencia, base de toda evolución. Pero se me ocurren otras condiciones que
entiendo indispensables.
Por ejemplo, acabar con
los dogmatismos y la polarización que estos conllevan, un gasto inútil de energías dedicadas
a querellas innecesarias que no hacen sino empobrecer y lastrar el proceso. La
reforma educativa, y de la enseñanza de la economía y los negocios. La necesaria
reforma y rehabilitación de la política. La creación de un nuevo sistema
económico que restablezca la coherencia espacial y la estructura social de las
colectividades.
Pero, por encima de todo,
debemos ser capaces de unirnos, de priorizar lo verdaderamente importante en
nuestras vidas, que siempre va más allá de cada uno individualmente. Solo así
seremos de repensar de verdad nuestra sociedad y reconstruir aquello que ahora
parece perdido.
Quan fa tres anys
anunciava la meva marxa del grup municipal del Partit Popular a l'Ajuntament de Mataró en roda
de premsa pública, vaig dir que no podia seguir formant part d’una organització
profundament corrupta, que havia vulnerat amb la seva operativa gran part dels
valors que predicava i que, a més, exigia als seus càrrecs electes municipals que
col·laboressin a finançar el partit de manera irregular, ja que demanava que
destinéssim els recursos públics que ens pagava l’ajuntament per fer política
local a mantenir l’estructura de la cúpula del partit a Catalunya.
Personalment no
vaig voler acceptar aquella imposició, i menys encara quan se m’obligava a
escollir entre els valors que em movien en la meva acció política i la servitud
a una direcció antidemocràtica que no dubtava en fer servir qualsevol trampa
per tal de reprimir i eliminar les veus discrepants. Per això vaig fer el
necessari per impedir l’accés de la direcció catalana del partit i els seus
comissaris polítics als fons del grup municipal, el control dels quals era el
seu gran objectiu, intentant garantir la seva destinació al seu ús legítim,
l’acció política a Mataró i per a Mataró.
Aquests dies, en
mig de la voràgine de brutícia en la que estem immersos, no he pogut evitar
pensar que, en aquell moment, ni un sol periodista o mitjà de comunicació va
atendre la meva denuncia, tancant tots ells files amb el sistema i el
totpoderós partit.
He reflexionat molt
sobre el que va passar. Possiblement em vaig equivocar, entre moltes altres coses, enfrontant-me a una
maquinària implacable i allargant un conflicte que va deixar pel camí massa
energies, il·lusions i cadàvers polítics de gent valuosa, i hauria d’haver
marxat molt abans de manera anònima i callada deixant pas a qui se sentis
còmode amb aquella manera de fer política, incompatible amb la meva perspectiva
sobre la vida i les organitzacions.
Recordo que quan era
un vailet que no aixecava un pam de terra, em quedava amb la boca oberta
escoltant el meu avi parlar amb passió de la defensa dels seus ideals de
justícia i llibertat, la lluita sindical, la república, la guerra civil, la
presó.....Hi havia quelcom fantàstic en el seu sentir, que em deia que jo també
el volia igualar quan fos més gran.
Aquella energia que
movia al meu avi crec que em va portar anys després a dedicar una part de la
meva vida al que ja llavors vaig identificar com “la política”. Ara, acabada
aquesta experiència, puc dir que si ja es prou difícil fer política
“autèntica”, política amb majúscules, al servei de la societat i de les
persones, més difícil encara és que els qui tenen el poder actuïn amb consciència.
Ningú n’està eximit
de cometre errors, dins de cadascú de nosaltres hi es tot, lo bo i lo dolent;
tots som capaços, en un moment donat, de fer allò que ara ens pot semblar
inacceptable. Justament per això no hem de jutjar ni criticar; perquè a més,
quan ho fem, sovint veiem reflectit en l’altre allò que no estimem de nosaltres
mateixos. Tots podem també ser víctimes de la nostra glòria, i generar un
personatge que ens acabi menjant. Però hem de tenir consciència d’això. Aquesta
és la clau. Ens falta consciència. Tenim tecnologia, coneixement, però la
consciència no la hem desenvolupat igual, i això fa que moltes decisions que
prenem estiguin buides de sentit.
És la consciència
la que fa que no aguantis més estar dins una estructura perversa, que no valora
a les persones sinó que les utilitza per a fins que no tenen res a veure amb la
millora de la vida de la gent. És la consciència la que fa que t’atreveixis a
mirar les coses des d’un altre punt de vista que no sigui el que et diu el que
mana; la que fa que no baixis el cap i mantinguis el criteri del que entens
just quan el poder et vol imposar el que “convé”; la que et fa decidir que no
vols ser un mer producte del sistema. Això és fonamental: aprendre a mirar
d’una altra manera, deixar de mirar com volen que mirem i deixar de fer el que
volen que fem. Decidir viure la teva pròpia vida només es pot fer des de la
consciència que et fa assumir la responsabilitat de prendre la veu i la paraula.
Espero que el que
està passant ens faci veure a tots plegats que no podem seguir així, que hem de
canviar la manera de pensar i d’interpretar el món. Si quelcom de menyspreable
te la inacceptable situació d’irregularitats protagonitzada per la classe
política actual i la seva incapacitat per aportar solucions als problemes que patim,
no es ja que robin o enganyin, sinó que poden provocar que la gent perdi la
il·lusió per exercir el seu dret a dir el que creu i exigir el que vol, i que
es desinteressi definitivament pels assumptes de tots, cosa que seria molt greu
i suposaria un pas enrere d’imprevisibles efectes. Es important que no llencem
per la finestra el sacrifici, l’esforç i fins i tot la sang de moltes persones
de generacions anteriors per tenir dret a veu i vot, per molt que la
irresponsabilitat dels dirigents actuals posi en qüestió la democràcia actual. Per
fer-ho possible cal que recuperem individualment el sentit de les nostres
vides, que recuperem la vocació del que de valor podem aportar al món.
Necessitem reordenar prioritats, i fugir d’un model consumista que ens han
imposat, que ha fet que perdéssim la nostra condició de persones originals, amb
projectes propis i plens, i passéssim a ser peces fotocopiades només aptes per
a consumir, peces que no comptàvem per res, per molt que ens comptin cada
quatre anys les paperetes que dipositem en una urna per seguir legitimant
aquest sistema regit per la cobdícia i la irresponsabilitat.
Siguem optimistes
però. De ben segur haurem après moltes coses del que ha passat, que ens faran
tornar a la nostra essència de compromís i amor. Com ve a dir Stefan Zweig a “Los
ojos del hermano eterno”:
“Fes el teu camí, intenta no fer mal a ningú,
segueix la teva vocació, el teu cor; procura, des de la millor de les
intencions, ésser coherentamb el que penses.....”