domingo, 8 de abril de 2012

NOSOTROS, EL PUEBLO


Hace ya tiempo que desistí de seguir el día a día de la política a través de los medios de comunicación; al menos de aquellos que se ocupan de ello desde la inmediatez. Esa decisión fue debida supongo, a que no dejaba de asombrarme la superficialidad desde la que, tanto medios como políticos, trataban los asuntos que a todos nos conciernen, y su falta de perspectiva en el análisis de la realidad.

Tengo la sensación que la política ha evolucionado mucho menos que la propia sociedad, y sigue manteniendo (y trasladando) creencias ya superadas, del tipo como que los intereses de los países son diferentes de unos respecto a otros, que la obligación de los gobiernos es asegurar los intereses políticos y económicos del país al que representa, no importando los demás, y a veces parece que tampoco las futuras generaciones; o de que el valor de las cosas y las personas se puede calcular en dinero, que las economías de los países necesitan crecer y hacernos todos más ricos; creencia también de que, según esos parámetros, la crisis actual es reversible, y que limitándonos a tratar los síntomas (deuda, recortes, ajustes, ingresos y gastos, PIB, inflación, etc) este interludio temporal acabará y todo volverá a la “normalidad” del crecimiento económico.

Afortunadamente, muchas personas cuestionan ese tipo de creencias, y reflexionan desde una perspectiva muy distinta, pensando de un modo diferente, reevaluando su propia ética personal, y decidiendo en su vida por sí mismas. Cada vez más personas se dan cuenta de que la respuesta a la eterna y básica pregunta ¿Quién soy? está en cada ser humano. Y que ésta facultad, la de respondernos a nosotros mismos y ser capaces de asumir la responsabilidad, es también la esperanza del mundo.

Pero eso implica un cambio individual y global de creencias; y llevar a cabo un proceso de transformación que nos haga dejar de ser espectadores pasivos. Siempre explico que el cambio cualitativo más importante en mi propia actitud y en mi relación con los demás y con el mundo, se produjo cuando adquirí conciencia de la interconexión que existe entre todo lo que existe en el universo. Sólo eso nos hace capaces de conocer (re conocer, más bien) la realidad en toda su complejidad, y por tanto de transformarla. Adquirimos una perspectiva global e integral que nos da soberanía personal y responsabilidad sobre lo que nos ocurre.

Nadie puede cuestionar el poder de la ciencia en el avance de la humanidad, y el impacto que ha tenido en nuestras vidas. El aumento de la esperanza de vida y la mejora de la salud, la aplicación de las tecnologías al mundo del trabajo, del transporte….La ciencia ha significado también otras cosas, como el acceso de mayor número de personas a la información y al conocimiento. Éste aspecto es particularmente importante en tanto que puede configurar un cambio gradual en la percepción del mundo, de la naturaleza de las cosas, y por tanto influir también en la visión que tenemos sobre nosotros mismos, generando pensamientos, emociones, decisiones, e impactando sobre el significado de lo que consideramos importante.

Desde filósofos y científicos como Bacon, Newton o Darwin, el materialismo se convirtió en paradigma predominante de nuestra cultura. Todo lo que sucedía era producto de la casualidad genética, nuestra misión más importante era reproducirnos y propagarnos, y sólo sobrevivían los más fuertes y competitivos.

El concepto materialista ofrecía una visión muy poco humana del mundo, reducida a fórmulas, describiendo el universo como un mecanismo sin alma, y el proceso de la vida como algo casual.

Sin embargo, desde los descubrimientos cuánticos de la física, una nueva visión del mundo surge de la vanguardia científica, ya sea física, biología, psicología… Todo ello ha superado la idea anterior sobre la vida, la mente y la conciencia, creando una distinta percepción que capaz de llevarnos a un nuevo estadio evolutivo.

La vida y la mente son en esa percepción elementos importantes en un proceso global complejo y a veces caótico, pero que parece obedecer a un diseño armónico. Hay una interconexión entre todo y un camino evolutivo de donde surge la vida y la conciencia. Nosotros somos parte de ese proceso, y no somos víctimas sino actores de aquello que nos sucede. La ciencia por tanto, ha acabado por confirmar lo que la mística y algunas culturas ancestrales mantienen desde hace miles de años. Chuang Tzu escribía: “El cielo, la Tierra y yo vivimos juntos y todas las cosas y yo formamos una unidad indisoluble”. La ciencia confirma ahora estas intuiciones, y está de acuerdo con William James cuando decía que “somos como islas en el mar, separadas en la superficie pero conectadas en lo profundo”.

No hay duda que ello proporciona un nuevo significado a nuestra existencia, y nos convierte en agentes de cambio si somos capaces de adquirir la conciencia necesaria y asumir la responsabilidad sobre nuestro propio destino. Somos mucho más protagonistas de lo que pensamos. Conociendo los mecanismos de la mente consciente, podemos convertirnos en parte activa del proceso de evolución hacia una sociedad más humana. Necesitamos comprometernos con ello. Con los valores que la hagan posible. La individualidad, la creatividad, la diversidad, la innovación, no son necesariamente fuente de conflicto y competitividad, sino que pueden ser fundamento de paz, de cooperación, de sinergia y sincronicidad.

Volviendo al inicio de este escrito: hemos de cambiar nuestras creencias inconscientes sobre la política si queremos convertirnos de una vez por todas en eso llamado humanidad. La política es fundamentalmente el complejo de relaciones que se establecen entre la gente que vive en una comunidad. El Universo basado en la filosofía de Newton y Darwin ponía su acento en un mecanismo de elementos físicos aislados e independientes. El Universo cuántico en cambio demuestra que todo está conectado y que la separación es sólo una ilusión de los sentidos. En este sentido, la cooperación, el respeto a la diversidad, la independencia fruto de la responsabilidad individual, y la descentralización fruto de un liderazgo horizontal, son los fundamentos necesarios de un sistema más sabio capaz de integrar todos los talentos para el bien común.

En definitiva, el problema no es la deuda, ni el crecimiento negativo, ni el descenso del PIB…..El problema es el sistema. Un sistema creado para manipular y empobrecernos mental y espiritualmente, y que genera, como vemos actualmente, una insatisfacción general. Este debate ya está teniendo lugar de forma global a través sobre todo de Internet. Gracias a ello, se está promoviendo la creación de una masa crítica de personas que harán posible el cambio en un sentido evolutivo. Que hará posible, en suma, la expresión de los Padres Fundadores en la Constitución de los Estados Unidos: “Nosotros, el pueblo…..”

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