Por su interés, reproduzco aquí el artículo de Javier Benegas "La estafa ideológica y la quiebra de España", publicado en el digital Voz Pópuli. Os dejo el enlace y el texto:
http://www.vozpopuli.com/blogs/783-la-estafa-ideologica-y-la-quiebra-de-espana
Los europeos estamos atrapados en el mito de la seguridad, ese El Dorado al que todos los caminos de la perdición conducen. Ya escribía Stefan Zweig
a este respecto, en referencia a la Europa de finales del siglo XIX y
principios del XX, que “dicho sentimiento de seguridad era la posesión
más deseable de millones de personas, el ideal común de vida. Sólo con
esta seguridad valía la pena vivir y círculos cada vez más amplios
codiciaban su parte de este bien precioso”. Fue este anhelo vehemente de
un mundo de seguridad llave en mano, que la ideología nos hizo creer
posible de manera falaz, lo que nos condujo al relativismo y a las dos
peores guerras de la Historia. Y, ahora, si no ponemos remedio, nos
impedirá salir de una crisis para la que no existen precedentes
equiparables.
La idea de que el Estado puede proporcionarnos una vida segura y sin
demasiados padecimientos, creencia que en su día dio lugar a un
rompecabezas de derechos con el que los corruptos han alcanzado el
paraíso en la tierra, se ha demostrado una quimera. Sin embargo, ahora
que los Estados de bienestar europeos agonizan, resurge esta idea, ante
todo populista, dispuesta a galopar a lomos de la indignación y el
miedo. No es necesario ser un erudito historiador para prever que este
estertor ideológico tendrá un recorrido muy corto, pero puede ser
suficiente para dar un último paso y precipitarnos al vacío. Pese a
ello, el pavor a vernos abocados a una recesión prolongada que nos puede
llevar a alcanzar los seis millones de parados, está dando alas a una
nueva ofensiva “progresista” –término este que es una contradicción en
sí misma, pues sus recetas son más que conservadoras– cuyo punto de
apoyo es la defensa numantina de eso que llaman “lo público”. Una
estrategia que pasa por obviar la temeraria negligencia del anterior
gobierno y que aspira a relanzar, en el peor momento posible, la
ideología más incombustible, inútil y destructiva que el mundo haya
conocido.
La coartada de “lo público” como defensa de “lo mío”
Pese a que no hay otro camino que sanear las cuentas si queremos que
las posibilidades de un crecimiento futuro no se esfumen con el pago de
los intereses de la Deuda, numerosos políticos, sindicalistas,
economistas y ciudadanos, casi todos ellos de izquierdas,
abogan por desertar en masa de la política de austeridad y volver a la
de estímulos, que es aquella que se realiza por la vía del gasto
público. De esos otros incentivos que no cuestan dinero, como la
liberación del mercado de bienes, no hablan, por supuesto.
Con la Hacienda Pública exangüe, esta estrategia pasa por socializar
nuestra deuda extendiéndola a terceros y titulándola en eurobonos; es
decir, poner de avalistas a nuestros socios europeos –lo que hará que su
calificación crediticia se desplome– y poder superar de esta forma los
límites de insolvencia que los inversores consideran de no retorno. Una
jugada maestra que dejará a Europa sin ninguna locomotora que tire de
tanto vagón cafetería.
La coartada de esta nueva ofensiva es la defensa de “lo público”.
Porque, como si fuera un vicio heredado de nuestro amor por el ladrillo,
el Estado de bienestar tiene que ser por fuerza una súper estructura
construida a base de cemento y granito, que se pueda ver y tocar,
poblada por funcionarios y políticos, a la que desviar ingentes
cantidades de dinero. Lo que de siempre ha equivalido a dar de beber a
los ciudadanos sirviéndoles el agua en un colador. Esta idea equivocada
de cómo ha de ser el Estado de bienestar ha degenerado en “lo público”,
un sistema ineficiente en el que muchos buscan el acomodo perfecto para
sortear las incertidumbres de la vida (el mito de La seguridad). Ya no
se trata de servir al ciudadano sino de que unos cuantos elegidos, y no
precisamente pocos, puedan servirse a sí mismos. De ahí que cuando se
defiende “lo público”, la mayoría lo haga pensando en su plato de
garbanzos y muy pocos, o casi ninguno, en el bienestar y derechos de
todos los ciudadanos.
Por poner un ejemplo cualquiera, para asegurar la igualdad de
oportunidades mediante la subvención de la educación no son necesarios
infinidad de colegios, institutos y universidades públicas, con un
ejército de ciudadanos en nómina, sino que basta con que el Estado
proporcione el dinero directamente a las familias (cheque escolar) y que
sean éstas quienes, a salvo de la ingeniería social y el proselitismo,
den la mejor educación posible a sus hijos. Este derecho no sólo estaría
igualmente garantizado, que es de lo que se trata, sino que, además, la
oferta sería más competitiva y de mayor calidad puesto que el
consumidor, y no la arbitrariedad burocrática al albur de la política,
generaría los incentivos correctos. Lo cual nada tiene que ver con la mano invisible del mercado, aquella metáfora acuñada por Adam Smith, sino con la elección bien visible, previsible y coherente de los interesados.
También cabe cuestionarse ese otro mantra que es la investigación con
dinero público. El verdadero problema en España no es investigar más o
menos, sino que exista una estructura empresarial suficiente que
rentabilice y dé sentido y utilidad a los avances que se obtengan con el
dinero de nuestros impuestos. Y como el tejido industrial que tenemos
es casi inexistente, cabe preguntarse si el dinero destinado a
investigación no estará sirviendo para pagar las nóminas y los legítimos
sueños de unos investigadores para los que en España no hay sitio. Lo
cual sin duda es muy triste. Pero algún día habrá que afrontar la
realidad si lo que se pretende es cambiarla.
No se engañen. Las soluciones saturadas de ideología no servirán de
nada. La realidad es implacable. Ahí fuera hay centenares de millones de
tipos que trabajan como chinos, aunque muchos sean mejicanos, indios o
brasileños y no sólo orientales. Todos ajenos al mito de la seguridad y
muy ligeros de equipaje. Y están copando el mercado. Nada ni nadie puede
frenar la vertiginosa transformación del mundo en la que estamos
incursos. Si queremos tener futuro, hemos de sufrir, darnos un baño de
realidad, cambiar nuestra mentalidad y desechar para siempre las estafas
ideológicas.
El present i òbviament el futur, ens presenta grans reptes si volem fer una societat més humana. Aquest bloc pretén ser una petita aportació en aquest propòsit. No importa qui va començar, la humanitat som tots. Podem tenir diferents idees, idiomes, nacionalitats i religions, però ens uneix un únic llenguatge, el del cor. Cadascú de nosaltres hem de tractar, en cada decisió i en cada acció de cada dia, de fer una diferència per al món, i aquesta diferència ha de sortir del cor.
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